Veinticinco instantáneas y cinco escenas infantiles

Antonio Martínez Menchén

Veinticindo instantánes y cinco escenas infantiles
Guermantes
Rústica
Marzo, 2004
128 páginas
22×14 cm 

El título de Veinticinco instantáneas y cinco escenas infantiles nos sugiere una primacía de lo fugaz, de lo pictórico en detrimento del discurso generosamente narrativo.

Y ello es cierto: casi todas estas instantáneas tienen valor en sí mismas, no necesitan elementos contextuales que las aclaren ni soportarían un antes o un después. Se diría que al observar la película de la existencia humana, pulsamos el botón de la pausa para detenernos en la contemplación de imágenes plenas de significado, mensajes desnudos que se ofrecen al receptor para establecer un diálogo con él sin necesidad de intermediarios.

Al igual que ocurre con obras como Perro semihundido de Goya o La planchadora de Picasso la fuerza no solo está en la sencillez sino en la autonomía. Porque obras no menos hermosas y aparentemente simples son El Cristo de Velázquez o Leda y el cisne de Dalí, pero el receptor disfrutará más de ellas si conoce los referentes culturales de las mismas.

En el caso que nos ocupa, el referente termina en la propia instantánea. Lo aparentemente sencillo para los demás se convierte en transcendental no sólo para quien lo ha vivido, sino para quien sabe contemplarlo.